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Fiesta de Pentecostés 2005

“¡Esto no tiene salida... !”

Eso o algo muy similar es lo que deben haber sentido los discípulos de Jesús el Viernes Santo. Después de la muerte de su Maestro, se sentían tremendamente decepcionados y perturbados. Con el atroz final de Jesús, también ellos se sentían acabados. La resignación ocupó el lugar de todas sus esperanzas y expectativas.¿Qué otra cosa les quedaba en esa situación aparte de recluirse y encerrarse en sí mismos? Cuando uno se siente decepcionado y desacreditado, es mejor no seguir mostrándose en público, para no convertirse aún más en el hazmerreír de la gente.

Estimados amigos Kolping de todo el mundo:
La resignación paraliza el cuerpo y el espíritu y, por supuesto, también inmoviliza la lengua. Las puertas cerradas al comienzo del día de Pentecostés son la expresión externa de la situación interior de los discípulos de Jesús. Se pone de manifiesto: Aquí ya no sucede nada. En nuestra Iglesia y en nuestra asociación, con frecuencia estamos discutiendo sobre el tema de la “resignación“. Tanto los funcionarios como los colaboradores ad honorem agachan la cabeza. Muchos ya no están en condiciones de hablar de aquello que los preocupa, les pesa o los paraliza o ya no están dispuestos a hacerlo. El ímpetu y el entusiasmo parecen haberse perdido.

En ese estado de desconsuelo en que se encuentran los discípulos, aparece el Resucitado, atravesando las puertas cerradas. Y esto no sucedió sólo hace 2000 años, sino que también sucede diariamente en nuestro tiempo. Las puertas cerradas del corazón, de los oídos y de los labios se abren a través de la presencia de Cristo. La situación, desoladora y petrificada, adquiere un nuevo sentido y un nuevo contenido. Al aparecer, Cristo no ofrece un consuelo barato, sino que quiere transformar la miseria interior de los discípulos, puesto que no ha venido a sentir lástima de ellos ni a tenerles compasión, sino que los acepta como son. Cristo sabía cómo se sentían sus amigos, y sabe cómo nos sentimos nosotros. Y tanto en esa época como en la actualidad, encuentra vías inesperadas para liberar de la angustia y de la aflicción. Simplemente está presente, no los deja solos ni a ellos ni a nosotros, sino que conforta y anima.

Las primeras palabras del Resucitado a los atemorizados discípulos de entonces y de hoy, no son ni una reprimenda ni un reproche. No los molesta con exhortaciones, ni con consignas de lucha ni de resistencia. No hace preguntas indiscretas ni plantea recriminaciones. La tradición no sabe nada de palabras de reprobación ni tampoco de intentos de quitarle la gravedad a la situación. La primera expresión transmitida es un saludo. Un buen deseo, una frase de aliento y comprensión: “¡La paz esté con ustedes!“.

Estimados amigos Kolping de todo el mundo, ese saludo de paz se convierte para los discípulos en una palabra clave que los transforma. Actúa como una llave que sirve para abrir a las personas encerradas en su aflicción y su angustia y las convierte en personas abiertas y sensibilizadas, que anuncian a Jesucristo a su entorno. Con una palabra clave comienza el encuentro y la transformación. ¡Con una palabra se funda la Iglesia!

La esperanza naciente y creciente de los discípulos es fortalecida y apoyada por gestos y señales del Resucitado. Él muestra sus manos y su costado. Muestra las pruebas del dolor y de la muerte. Las heridas se convierten para los discípulos en las señales fidedignas de reconocimiento del Resucitado. Sí, no se trató de una mera fantasía, el encuentro con Jesús vivo no es sólo un deseo devoto, una ilusión hermosa o una visión, sino que es la nueva realidad de sus vidas que todo lo transforma. Se encuentran con su Señor, que no se avergüenza de sus heridas, sino que ha cargado por ellos con el sufrimiento y las torturas y el absurdo absoluto de la muerte. Él lo ha superado y vencido todo - también sus terribles angustias y dudas. En la alegría de volver a verlo, los discípulos vencen su propia derrota y su punto muerto. Y obtienen esa victoria con ayuda del Resucitado. Él les vuelve a asegurar por segunda vez: “La paz esté con ustedes“.

Estimados amigos Kolping de todo el mundo, esta reiterada palabra de acogida es, al mismo tiempo, un nuevo compromiso. Ese segundo saludo significa misión y dinamismo. De pronto, los discípulos entienden que son llamados a seguir difundiendo y predicando la verdad. Al igual que los discípulos, también nosotros estamos convocados a superar la paralización y el encierro y a descubrir y compartir la nueva vida pentecostal. A través de nosotros, Cristo quiere mostrarles a los seres humanos de hoy lo que puede lograr un espíritu. Él nos ha dado capacidad y autoridad para que le mostremos al mundo y a la humanidad cuán efectivas son aún hoy las señales clave y los signos de vida del Resucitado. En el día de Pentecostés, podemos celebrar nuestra fe en Jesucristo que también hoy sale a nuestro encuentro como salió entonces al encuentro de sus discípulos. Gracias a su espíritu también hoy pueden surgir la creatividad y la imaginación en nuestra Iglesia. Como los discípulos hace 2000 años, podemos contar con la ayuda del Espíritu Santo para permanecer fieles a nuestra misión y a nuestra vocación.

Con nuestro tradicional saludo “Fiel a Kolping“, les deseo una feliz Fiesta de Pentecostés, llena de bendiciones.

Suyo

Mons. Axel Werner
Asesor General de la Obra Kolping Internacional
 
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