En Brasil, a menudo no basta con tener un título de secundaria para encontrar trabajo. Sin embargo, los cursos para obtener cualificaciones adicionales son costosos. En Kolping, en Caruaru, los jóvenes de familias de bajos recursos los reciben de manera gratuita.
¿Asistir a la escuela nocturna dos veces por semana, además de las clases diarias? «¡Por supuesto!», afirma Samara. «Ahora es el momento de pensar en lo que queremos lograr en la vida y en lo que debemos hacer para conseguirlo». Eduarda asiente con la cabeza. «Además, el curso de administración y organización de oficinas es muy divertido. Y en Kolping siempre hay gente estupenda que te escucha».
Desde un rincón, Adriene Ferreira Marciel, la directora de KOLPING Caruaru, observa a las dos chicas. Es miembro de Kolping desde 1978. En su mirada se reflejan el orgullo y un cariño protector. Conoce a las amigas desde que, de niñas, venían de la favela vecina al centro Kolping para recibir atención por las tardes. «Las familias que viven en la favela son pobres. Muchas son monoparentales y están constantemente fuera de casa para ganarse lo indispensable», cuenta la mujer de 66 años. «En Brasil, los niños reciben atención por las tardes en la escuela hasta los siete años. Después de eso, a menudo se quedan solos tras las clases. Carecen de estructura, acompañamiento y apoyo. Por eso, el centro Kolping solía abrirles las puertas dos veces por semana», recuerda Adriene sobre la época en que aún existía este servicio de atención vespertina. «Les daban de comer y había cursos creativos en los que podían expresar y procesar sus sentimientos: teatro, pintura, danza. Pero también les enseñábamos normas sociales, por ejemplo, lo importante que es decir “por favor” y “gracias”».
Alcanzar metas con apoyo
Eduarda y Samara forman parte de los jóvenes que actualmente asisten a la escuela nocturna de KOLPING Brasil en Caruaru para prepararse para el inicio de su vida laboral. Los cursos son posibles gracias al apoyo de KOLPING INTERNATIONAL, financiado con donaciones procedentes del trabajo de colaboración. Aprenden mucho y obtienen buenas calificaciones. Y eso es importante, porque solo así es posible estudiar en una universidad de forma gratuita en Brasil. Además, ambas trabajan a tiempo parcial. Eduarda da clases particulares de portugués, arte y matemáticas. Samara trabaja en una pizzería. Ya destinan parte de sus ingresos al presupuesto familiar; de todos modos, ellas mismas se encargan de los útiles escolares, los pases de autobús o la ropa. Y además de todo eso, asisten a los cursos nocturnos. «Si uno quiere lograr algo, debe esforzarse. Kolping nos ayuda en eso», opina Eduarda. Desde que de niña tomó el curso de danza en Kolping, quiere ser bailarina. Como sabe que es difícil ganarse la vida con eso, también tiene en mente la profesión de policía.
Un esfuerzo que vale la pena
Para Samara también está claro su objetivo profesional: quiere estudiar Derecho y ser abogada. «Quiero defender a personas inocentes. Aquí se criminaliza a muchas personas que no han hecho nada. Porque son pobres y no pueden defenderse». Para ambas jóvenes, Kolping se ha convertido ya en una especie de familia. «Aquí hemos aprendido que el dinero por sí solo no da la felicidad, sino que lo más importante es la comunidad», opina Samara, y Eduarda asiente con la cabeza. Adriene sonríe radiante: «Ver a estas dos jóvenes y escucharlas me da esperanza, porque demuestran que nuestro esfuerzo vale la pena y que estamos haciendo lo correcto».
Katharina Nickoleit
