La idea Kolping

Una vida desde el propio esfuerzo

Adolfo Kolping nació hace más de 200 años. Sus ideas eran modernas y siguen estando vigentes en la actualidad. Kolping concibió las grandes necesidades sociales de la era de la industrialización incipiente como un llamado a la acción y dedicó su vida a las personas marginadas de la sociedad. A través de las asociaciones de artesanos desarrolló nuevas formas de convivencia y de aprendizaje. Como sacerdote apasionado se ocupó intensamente de cuestiones políticas y sociales. En tan solo 20 años, Adolfo Kolping creó una red de asociaciones de artesanos en toda Europa y les brindó orientación y ayuda a miles de personas.

Su vida

En 1836, el aprendiz de zapatero Adolfo Kolping se vio confrontado a una pregunta que sería decisiva para su vida: ¿Continuaría ejerciendo el oficio en el que se había iniciado a los 13 años hasta el final de su vida? ¿O se dedicaría a hacer lo que realmente quería, es decir, terminar la escuela, estudiar en la universidad y ser ordenado sacerdote? Gracias al apoyo de personas que creyeron en él y en su vocación, Kolping pudo seguir el segundo camino.

Así fue como en 1837, a los 24 años, volvió a la escuela y se graduó en el “Colegio de San Marcelo” en Colonia, para convertirse posteriormente en sacerdote. El 13 de abril de 1845, Adolfo Kolping fue ordenado sacerdote en la Iglesia de los Minoritas de Colonia. Su primer cargo fue el de vicario parroquial en Wuppertal-Elberfeld. Allí se encontró con la miseria de los trabajadores producida por el cambio social que trajo aparejada la industrialización. Debido a la desaparición de los gremios de artesanos, los jóvenes artesanos habían perdido el hogar que representaba la familia del maestro artesano. En Elberfeld, Kolping conoció la asociación de jóvenes artesanos fundada poco antes por el maestro de escuela Johann Gregor Breuer y fue nombrado su asesor eclesiástico (director espiritual). Kolping reconoció que este tipo de asociación constituía un excelente medio para resolver los problemas sociales que acarreaba la transformación radical del mundo laboral como consecuencia de la industrialización.

Como contemporáneo de Carlos Marx, Kolping reconoció estos problemas sociales de modo muy parecido a él. Porque como asesor espiritual, se enfrentaba directamente a sus consecuencias. Sin embargo, en lugar de apostar a la revolución, Adolfo Kolping apostaba a la fuerza de la comunidad y a la disposición de cada individuo para cooperar en una sociedad más justa. Partiendo de su experiencia en Elberfeld, dedicó toda su pasión a difundir la idea de las asociaciones de artesanos como comunidades de formación y de ayuda mutua.

Primero en Renania y luego mucho más allá de las fronteras de Alemania, promovió de modo infatigable la creación y el mantenimiento de las asociaciones de artesanos y de sus programas sociales. Su origen modesto como hijo de un pastor de ovejas, su formación en un oficio y sus propias experiencias como aprendiz de zapatero lo convirtieron en un defensor creíble e idóneo de esta iniciativa y el concepto de las asociaciones de artesanos se difundió rápidamente. En muchas localidades, las asociaciones de artesanos crearon casas que funcionaban como hogares para los artesanos. En los encuentros y en las actividades de las asociaciones, los artesanos vivenciaban una comunidad de carácter familiar que, por un lado, les brindaba sostén espiritual lejos de su hogar, pero, por el otro, también les ofrecía oportunidades de desarrollo a través de la formación.

En los años que le siguen, la biografía de Adolfo Kolping pone en evidencia otra pasión: la escritura. Expresó sus ideas y convicciones en el contexto de los grandes dramas sociales de su época a través de numerosos artículos y libros. Incansable, Adolfo Kolping viajó por toda Europa para crear asociaciones de artesanos y para ejercer influencia social como autor y editor. Kolping falleció el 4 de diciembre de 1865 poco antes de cumplir 52 años.

 

Sus ideas

 

“El ser humano debe juntarse con otros en cuanto desee algo que simplemente supere las fuerzas del individuo”.

Con estas palabras, ya hace 150 años Adolfo Kolping dejaba en claro que había comprendido la importancia que tiene para todo individuo tomar su vida en sus propias manos y seguir sus propios ideales y convicciones. Promocionando los talentos y competencias propios de los artesanos y la vivencia de comunidad, los alentaba a vivir con valores y a hacer su propia contribución a una sociedad pacífica y justa. En ese sentido, Adolfo Kolping fue un pensador visionario.

Esto lo convirtió en uno de los reformadores sociales relevantes del siglo XIX y en uno de los principales precursores de la Doctrina Social Católica que se inició con la encíclica “Rerum novarum“ del Papa León XIII. El valor del trabajo humano y su prevalencia sobre el capital, el derecho a participar en el bienestar generado por una sociedad, así como la primacía del ser humano en el proceso laboral y un manejo sustentable de los recursos de la Tierra constituyen conceptos actuales de la Doctrina Social Católica que tuvieron su origen en aquella época.

No es de asombrar que el ejemplo de Kolping se comprenda especialmente en los países más pobres. Su cercanía con los artesanos y su compromiso con el hogar del individuo en la comunidad lo convierten en un modelo universal para personas de todas las culturas. En un mundo globalizado con una creciente injusticia, desorientación, movimientos de migrantes y un medio ambiente amenazado, este compromiso cobra mayor actualidad que nunca antes. En el presente, las asociaciones Kolping encaran estos desafíos en todo el mundo. El objetivo es participar en la construcción de un mundo más justo. Adolfo Kolping fue cristiano por convicción. Actualmente es un modelo para más de 400.000 miembros Kolping de todo el mundo.

Su camino hacia el futuro

 

Los miembros de la Familia Kolping universal están orgullosos de Adolfo Kolping y de su lugar permanente en la historia. Por eso también esperan y oran para que sea canonizado muy prontamente. En 1991 ya fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en Roma.

La autoconcepción de KOLPING INTERNATIONAL